jueves, 29 de octubre de 2015

Despertando Asilah: Luna llena en la memoria.








A veces pienso que viajo con muchas personas. Cada calle, cada detalle me trae el recuerdo de muchos semejantes, momentos vividos a su lado que con un gesto, un sonido, una sombra o un color se acercan hasta mi y me acompañan en el viaje.


Asilah es un lugar tranquilo en algún lugar del atlántico entre Tánger y Rabat con marcada herencia portuguesa. Sus murallas le dan un toque colonial y le confieren un aire protector del paisaje y los elementos arquitectónicos que habitan dentro de la misma. 

Asilah al anochecer


Limpia y cuidada es una ciudad que vive de cara al turismo. Sus gentes son amables y dejan vivir al turista como en cualquier ciudad europea salvo algunas pequeñas excepciones que son comprensibles dentro de la pobreza generaliza que abunda en el país. La ciudad, eso si, no es ni la sombra de lo que era: ha crecido, se ha multiplicado y es asombrosamente tranquila. Nada que ver con un  pasado que queda lejos en todos los sentidos.
Puerta dentro de la muralla.







La ciudad no da para muchas fotos como las que busco aunque siempre detrás de cualquier esquina aparece algo insólito que puede congelar tu retina y arrepentirte de no llevar la cámara cargada. . La puesta de sol es única pero en general es un lugar tranquilo, con un funcionamiento normal, con lo que hay que ir a entrenar el ojo  fuera de  estas murallas. Buscar algo distinto para romper un poco la línea de lo que hemos fotografiado hasta el momento. Pedro piensa que ir a la playa de las Cuevas nos puede dar juego si la marea no esta alta y se puede acceder a ellas. Y yo que soy de muy fácil convencer.. . 

¿Y quien es Pedro?















Pedro

Pedro… mi compañero en este viaje. Hombre tranquilo, paciente, sosegado… Si viaja conmigo, este tiene que ser su perfil porque yo me conozco y “ me las traigo”.  Me habla de fotos. Me enseña nuevos enfoques. Mide la luz, juega con el diafragma y ajusta la velocidad… asi es fácil sacar fotos. La verdad es que es un lujo poder compartir con el sesiones de fotografía porque siempre aprendo cosas nuevas a su lado… conoce mas de mi cámara que yo y es hábil en el manejo de las reglas mas complejas de este maravilloso mundo.

Día de lluvia. Trabajo de campo en Chaouen.


Y fuimos a la playa de las cuevas.

La Playa de las cuevas

El acceso a la playa es en si mismo una aventura. No es eso de la primera a la derecha, giras y donde ves el cartel…pues hacia abajo y llegas. No, eso no es asi.  Mas o menos es: Ve por la carretera y cuando llegues a un lugar con unas piedras entras por la pista de arena que hay a la derecha…y por ahí…ya si eso… . 

Playa de las cuevas.

Llegamos a un cartel enorme que ponía Marina Golf…¡me suena!.- Justo en el siguiente desvio cogeríamos una carretera secundaria y a 200m la pista. No parecía asi trivial, pero tampoco parecía complicado. Cuando íbamos acercándonos al desvío vimos un guardia y como en el anuncio de IKEA donde el niño sale gritando con un palo:  ¡ Un guardia! ¡Un guardia! . Es una de esas cosas que sabes que hay – como los guepardos en los parques de Kenia, pero que son extremadamente difíciles de ver. 
Y detrás del guardia, una multitud. ¿Y detrás de la multitud?... un mercadillo. Digamos que solo nos quedaban doscientos metros para llegar  a la pista y el mercadillo se ubicaba en la anchura de un carril bici, a ambos lados. No cabía el coche entre la gente, los puestos…¡joder un que susto! Un coche de frente ¡ cuidaoooo!. No cabemos, es imposible…pero como si los puestos se movieran y la carretera se ensanchara…ahí entraba un coche tras otro, y una furgoneta, y un camión.. y no me lo puedo creer nos hemos pasado el desvío. 

No importa, no tenemos prisa, ¡estamos de vacaciones!. Un poquito mas adelante hay un hueco. Bueno mejor por la siguiente… y asi hasta dar la vuelta casi por Chaouen… . Y volvemos a empezar. Entramos por el mercadillo y doscientos metros mas allá: ¡la pista!.

                                                                       La pista

La pista es un camino por donde las cabras caminan con dificultad. Yo creo que un 4x4 tendría algunos tramos de dificultad máxima. Pasados unos cuantos barrizales donde hacíamos el silencio dentro del coche llegamos a una cuesta pronunciada desde donde veíamos el mar. Una playa inmensa desierta con la olas rompiendo la línea del horizonte. La espuma blanca, las burbujas de la arena, la neblina que los reflejos del sol producen en el agua. En fin, el paraíso ante nosotros. Y para contarlo todo una especia de chiringuito con tumbonas y todo. Tarek es el dueño de este lugar semidesierto.

¿Pero quien es Tarek?



Tarek

Tarek es un argelino procedente de Nador. Camarero, hamaquero, cocinero, pescador y empresario en esta etapa de su vida. En otras ha sido otra multitud de oficios. A punto de cumplir 38 esta comprando un terreno en Asilah. A mi me queda la duda si lo compra con lo que saca del chiringuito, pero el dice que si… de aquí y de allí. Vamos que debe ser gallego por parte de madre. 

Playa de las cuevas

Caminar por la playa se echa de menos. Al menos yo necesito hacerlo varias veces al año. Mirar como el mar rompe las olas cerca de la orilla y sentir como los pensamientos se rompen y se limpian a la vez entre esa agua cristalina y esa espuma pura que envuelve de emociones cada rincón de tu aliento. Olvidas la angustia. Te proteges de los miedos. Te sacudes las alergias a todo lo desconocido e intentas convertirte en una persona mas tolerante, mas capaz de relacionarte con cualquiera y aprender de cada una de ellas.  Y te das cuenta que te provocas a ti mismo para salir del cascaron calentito donde pasas los inviernos para conocer y ser un componente mas de este proyecto llamado vida en común. 

Dani me acompaña estos días ( y tantos otros...) por estas tierras que tanto le gustaban. Bueno a el le gustaban todas las tierras y con todas maridaba bien. Por eso el pensarle me hace sentir que consigo reunir y combinar algunos propósitos que el me enseñó. Y aprendo a seducir al tiempo para que me de años y vida para poder seguir cumpliendo etapas con la misma fuerza que hoy, con la que el no pudo contar al final. 

Asilah es un lugar para soñar. Para escribir. Para sentir que el mundo es ese lugar que merece la pena conocer. Y que la vida es ese espacio común que cuando lo compartimos hace que nos volvamos personas interesantes y cautivadores en alguna medida. 



Soy afortunado. Soy inconformista. Sé que a veces hay que ser consecuente y maduro y aceptar la realidad tal y como nos viene. La teoría me la sé. Pero a pesar de estar muy mayor para algunas cosas, tengo ganas de seguir luchando por otras. Los sueños, las sensaciones, emocionarme con los detalles de mis hijos, con esos espacios que me aporta la familia y esos momentos en los que consigo desbocarme y aprovechar la vida 28 horas cada día. 
No me rindo, aunque algunos me miren con cierto aire compasivo, no me rindo. Algunas veces a través de lo imposible hay una grieta, un pequeño rayo de luz. 
 Y yo miro con mi objetivo por esas rendijas que la vida a menudo abre a mi paso para que fotografíe y fije las cosas tan bonitas que ocurren a mi alrededor.

Buenas noches Londres.

Buenas noches Madrid

Buenas noches Asilah... Insha'Allah.










 

martes, 27 de octubre de 2015

Por fin Chaouen.







Decía Antonio Vega:
Azul, líneas en el mar, que profundo
y sin domar acaricia una verdad.
Eh, tú, no lo pienses más,
o te largas de una vez o no vuelves nunca hacia atrás.
Al levantarme fue la primera pregunta que me hice: ¿Y tu?. Tu ya no estas.

Día feo, de lluvia y tormentas, de neblinas y toxicas noticias. Día de anuncios que rompen esquemas como el de la carne en todas sus variantes. Y día de sobrecogimiento como el terremoto de Afganistan. Terminadas las noticias, el dia como siempre, tiene que parecer espectacular.
La lluvia atenúa y el viento es una leve brisa que limpia los sentidos y los convierte en un brillo de colores azules intensos, blancos llenos de luz y eso quiere decir que entramos a la Medina de Chaouen. 

Lavaderos


Por la carretera de los lavaderos inundando la colina  se divisa el infinito de casas que se acomodan entre en sus faldas, colmando de colores azules, rojos y blancos la ciudad de Chaouen. Seguimos bordeando la carretera hasta llegar a un edifico que protegía un campo de fútbol de ceniza y las escaleras que bajaban al rio con sus zarzales e higueras haciendo de paredes vegetales  en el camino, me han devuelto a la época del pueblo, de la recogida de aceituna, del huerto de la bermeja donde mi tio me enseño a plantar cebollas, tomates, pepinos..etc… . Aquellos recuerdos han quedado detenidos unos minutos en ese sendero dirección a los lavaderos.  


El sonido de las acequias con el agua brotando limpia por sus paredes de cemento me recuerdan a la niñez. Arriba, levantando levemente la cabeza me ha mantenido la mirada un puente de ojos cuadrados, limpio por sus lados,  sin defensas: El puente de los portugueses. Construido por los presidiarios portugueses apresados en las costas de Ceuta en los mil y un intentos de adueñarse de la costa mediterránea es un acceso mas a la medina de la ciudad. Por sus calles brota el agua sin parar y dentro de las casas todavía se conserva algún molino de agua que ha sido conservado por la diputación de Granada y que ahora son patrimonio de la ciudad.

Rif Sebbanin, el barrio de los lavaderos. Hasta cuatro he conseguido ver en perfecto estado. Tan sólo en uno había actividad pero los fines de semana las mujeres llenan cada tabla de ropa y jabón mientras el agua corre sin detenerse limpiando cada pieza amontonada en los muchos barreños que se apilan en el suelo.

Va a ser muy difícil describir las sensaciones que producen estas estrechas calles de la medina de Chaouen. Divisar a lo lejos el minarete de la mezquita de los andaluces, la mas antigua de la ciudad es adentrarse en un mundo distinto, en un espacio de recogimiento, en un silencio poco común, en calles llenas de pequeños bazares llenos de telas y artesanías.

Definitivamente este lugar me ha metido de lleno en Marruecos. Los colores y sabores de esta ciudad sirven de pulso al país, me llevan a pensar y hacerme una idea de que estoy en una tierra llena de posibilidades, un lugar donde hay muchas cosas por hacer. Si el capitalismo no acaba con ellos, Marruecos puede, pasados algunos años,  convertirse en un largo destino de vacaciones o porque no, en un destino para vivir. Aunque para eso quedan mucho trabajo que hacer. 



Los minaretes llaman al rezo. Las calles se vacian y el click de la cámara es un estruendo en el reposo de los callejones y pasadizos que confieren un aire misterioso a este lugar. Apenas se oye el especial ruido de algunas babuchas al rozar las empedradas calles. Apenas leves sonidos confusos que se amontonan unos detrás de otros cuando los niños vuelven de la escuela. Yo mimetizo mis movimientos para poder esconder mi ojo entre las calles y robar alma tras alma las postales que me llevare a Madrid. Me quedo con un pedacito de su esencia. Espero dejarles unos gramos de emociones, buena charla y sentido del humor.

Me he sentado a charlar con Rachid, mi tocayo, aunque a él le habría gustado más que saliera de su bazar con las manos llenas de bolsas. “Todavía estoy esperándote amigo. “ me decía en tono burlón al caer el sol y ver que seguía regateándole con palabras cada iniciativa de venta que él me ofrecía.
Mohammed, el del telar del barrio ER RIF ANDALUZ, no se ha preocupado tanto por vender mas que por enseñarme como se usaban las manos, los hilos y el resultado final. Se le veía orgulloso de su labor, entretenido en su cometido. Cada dia hacia un metro cuadrado de tela. ¡Precioso.!.

Abdul en cambio es un bereber del sur del Sahara. Vende sus motivos tribales en latón y cuero y se sienta en el suelo con un te a charlar de sus amigos españoles. Le gusta que le cuente como es Madrid y cuando le hablo de como se vive allá, se ríe incrédulo con esa expresión de : ¡estos son gilipollas!.

Y asi una vez mas el camino acaba en la Plaza de Uta Hamman.


La lluvia ha hecho que las calles se derritan a nuestro paso. Los adoquines y empedrados se disuelven en reflejos de agua y luces amarillas donde se calcan las pisadas de los vecinos que suben y bajan por las empinadas calles de la medina. Las chilabas y el chador de las mujeres conforman el óleo con que se dibujan los paisajes de esta ciudad. 

Medina de Chaouen al anochecer.


En general reina el respeto, la cortesía y la amabilidad. Me he sentido bien recibido por la mayoría de las gentes de este lugar. Son hospitalarios. Son educados y cordiales. Hay una cierta barrera cultural que cada vez veo mas cercana, mas llana, menos agresiva que cuando hace años bajaba por aquí.

El clima ha sido desapacible. Las piernas empiezan a resentirse y piden un descanso a gritos. Pedro ha buscado las opiniones de un sitio para comer llamado Sofía. Es un lugar medio escondido en un callejón del barrio Andalusi. No tiene nada especial. Ni las mesas ni las sillas…y encima tenemos que esperar media hora. Pero ha merecido la pena. La harira de verduras: de lujo. Y el Tallin de pollo con verduras espectacular. Sofia, en Chaouen. No para de hablar. No para de cocinar. Le luce mas lo segundo… .

Desde Londres las noticias me emocionan. Son alegres, llenas de animo. En Madrid todo sigue su curso, la vida continua y tira mucho de mi. ¡Son especiales.!

Mañana cambiamos de costa. El olor del Mediterráneo se torna a sabor del Atlántico. Estoy deseando ver la puesta de sol de Asilah. Pero eso será mañana. Ahora mi último pensamiento es para los sueños donde vaguemos juntos sin mas.

Buenas noches Londres.

Buenas noches Madrid

Buenas noches Chaouen.