domingo, 11 de noviembre de 2012

The... END.


END... .
Como diría Jim Morrison: " este es el final, mi hermoso amigo, este es el final, mi único amigo".


Anoche, sentado en el suelo del nuevo aeropuerto de Delhi pensaba que los dias se habian marchado como un suspiro. Hoy sobrevolando el golfo de Mesina, a menos de dos horas de volver a casa, no estoy tan seguro de définir este viaje con esos tópicos de - " parece que fue ayer cuando cogí este avión rumbo a Munbai" o " es que el tiempo pasa volando"-. Al final los días se han marchado como tantas cosas que pasan por nuestro lado en la vida, y que esas sensaciones frescas en la memoria todavía no nos dejan reflexionar sobre la cantidad de cosas y hechos vividos en unos pocos días.

Hace unas semanas me sentaba en este mismo aeropuerto de Dubai a pensar en como iba a ser el viaje, con los nervios del inicio, los miedos de quien mira a su alrededor en una ciudad de muchos millones de habitantes y que sin embargo no encuentra a nadie y tambien con la ilusión intacta de ir camino de cumplir un sueño, uno más, sin nadie a mi lado esta vez, sin motivos por lo tanto, ni para lo bueno, ni para lo malo. Estaba en medio del desierto, amparado por la única persona que podría sacarme de este lío: yo mismo.

El tiempo ha pasado. Ni despacio como en una película de terror, ni demasiado deprisa como en una de aventuras. Simplemente ha ido llenando los huecos que la vida tenía preparado para este momento y nada más.

Los sueños viven dentro de cada uno y se adaptan a la forma y manera en que se realizan, aunque esta vez han sido bastante fieles a mis recuerdos, a esos que se tienen incluso antes de vivir la experiencia en sí.

La verdad es que en un país donde el cine es una de las primeras y más prosperas industrias del país, en el lugar donde se ha consolidado Bollywood como una máquina de hacer peliculas yo he vivido un mundo lleno imágenes voy fotogramas, en los mismos escenarios donde un día se rodaron grandes historias.

Inicie mi viaje donde un chaval salido de los slum's se hacía millonario en un concurso allá por Munbai, en la famosa y oscarizada película "Slandong millionaire"

Subí miles de escaleras en busca de los templos Jainistas, en Palitana donde varias leyendas sobré la mitología de los dioses han dado lugar a más de una película, de gran éxito en India.

En Ahmenabad, vi lo difícil que debió resultarle a Batman, en su ultima pelicula, salir por ese maravilloso " stepwell " lleno de inscripciones del Coran y con tan maravillosa leyenda a sus espaldas.

Hasta que llegue a Udaipur no entendí porque Roger Moore, uno de los mejores 007, no quiso despegarse de ese maravilloso palacio en medio del lago en Octopussy.

En Varanasi se rodó la preciosa película Agua. La historia hace honor a la fotografía de la ciudad. Magnífica. Aunque para esta ciudad creo que se conoce mejor "Las aventuras del joven Indiana Jones", de los que varios capítulos fueron rodados por sus calles. Todo un revuelo en este sagrado lugar para los hindúes.

Y llegamos a Nepal. En la primera entrega, esta vez de la saga en cine de Indiana Jones, este viaja a Patán " En busca del arca perdida" .. Un destino sin duda maravilloso que me preparaba para la localizacion mas importante de este viaje: Baktapur donde se rodo casi integra " El pequeño emperador" de Bertolucci. . No hay mejor final, para este viaje que acompañado de este director....

Y me permitire la licencia de " Moonson Weding " en Delhi. Me gusta más la película que la ciudad, pero no podía dejar pasarla porque fue uno de los motivos de mi enamoramiento por la India.

Y así, volver, con el ánimo despierto y con ganas de empezar de nuevo. Los recuerdos todavía no lo son, los recuerdos ahora siguen siendo presente.

Vendrá un tiempo de análisis discreto, momentos que han quedado encerrados en el subconsciente y de los que hoy todavia no soy capaz de adivinar que encierran. Acudirán a mi las memorias en forma de fotografías y anécdotas sentado delante de muchas cervezas, muchos amigos y muchos momentos de ausencia donde volaré hasta aquí en busca de aire fresco.

Y sonreiré de vez en cuando, sin saber porque, sin tener conciencia de lo que acaba de sucederme, sin apenas tiempo para asimilar este pasado pensando ya en la próxima aventura, sin dejar que el frío presente me ataque demasiado, sin dejar que las circunstancias de Madrid me hagan volver demasiado rápido a la rutina, aunque esto va a ser el capítulo más difícil de este viaje que ahora termina:




NAMASTE!











" ... De que me sirve salir de esta inmensa ciudad, si de quien pretendo huir seguirá dentro de mi...."







Eras tu... .



miércoles, 7 de noviembre de 2012

Nepal: la cumbre del adiós.

El humo del incienso se deja ver entre los rayos de sol que atraviesan mi habitación. El olor tenue y a la vez intenso de las varillas se hace más notable al levantarme de la cama y abrir la puerta a los sonidos de esta ciudad despierta.

Salgo a la calle con el ánimo de hacerme invisible, sentarme en una plaza y observar como pasa la vida en esta ciudad, sin que nadie repare en el turista y tan solo vea un ciudadano mas. Los niños acuden al colegio cargados con sus libros, a veces las mochilas pesan tanto que son ayudados por sus hermanos en una tierna fotografía matutina. Los autobuses paran para recoger a profesores y alumnos en la ruta pero la mayoría camina hasta su desino. Es un día cualquiera en una ciudad cualquiera.




Los campesinos bajan sus cosechas con el ánimo de liquidar la mercancia lo antes posible y poder volver pronto a casa, mientras los comerciantes esperan a que los primeros turistas aparézcan, allá por la diez de la mañana. En casi todos los rincones de Baktapur se oye la canción de moda: " ॐ मणि पद्मे हूँ, oṃ maṇi padme hūṃ " el mantra de seis sílabas más famoso del budismo con música chunda chunda, al más puro estilo pop... Después de tantos días echaría de menos no escucharla.

El sol esta muy alto y molesta cuando se alza la cabeza para admirar los altos edificios. Las fotos saldrán quemadas de luz, aún así las muchas camaras que a esas horas empiezan a funcionar disparan sin parar los recuerdos que un día sobrevolaran a las distintas ciudades del mundo de la mano de las personas que pisan hoy esta ciudad.

Hoy haré el turista, caminare por las calles mirando las tiendas y haré fotos a los monumentos ( asignatura muy pendiente pues no me salen nada bien....). Guardare los profundos pensamientos en mi maleta, para cuando las cosas vayan mal dadas por Madrid, para cuando mi adaptación al trabajo y los ritmos propios de la ciudad me intenten ahogar sin remedio y me sea necesario un refresco esperanzador. Me sentare en silencio en los cafés y reprimiré mi charla con cualquiera que se acerque, lo limitare a monosílabos o frases cortas que no me aten demasiado así al recuerdo.

Es difícil releer esto sin pensar que dramatizo, difícil no pensar que tampoco será para tanto, y puede que sea cierto, pero cada vez me cuestan más las despedidas y cada vez menos los cambios, entendiendo por cambios ir a lo desconocido. Para mi Madrid es conocidísimo y en parte es una ilusión, y en parte una tortura, pero gracias a esa tortura hoy estoy aquí.

Pasa ante mi un niño de cuatro años parapléjico ayudado por un andador y por una voluntaria, que parece ser europea. El niño se cae, es difícil caminar por los irregulares adoquines que pueblan la ciudad. El primer instinto es ayudarle, pero enseguida su guía le enseña a levantarse sin ayuda. Poco a poco y con un denostado esfuerzo, el niño se levanta a la vez que una gran sonrisa puebla su cara. Pasa ante mi ahora, tambaleándose al ritmo de sus débiles piernas y lo agreste del suelo. Los chinos gritan ( como siempre) ajenos a todo. No me gustan los chinos, cada día menos.

Son casi las doce de la mañana. Me gustaría coger el teléfono y hablar con la gente, contarles cosas, ir metiéndome poco a poco en la rutina de mi vida. Cuando pienso en el fin de noviembre que me espera me agobio un poco, aún sabiendo que no estoy sólo, espero que la responsabilidad no me abrume en exceso.

Después llegan las Navidades. Ese famoso 21 de diciembre que probablemente yo ya este pasando en este viaje.

Último sorbo de mi capuccino y a seguir.







He hecho algunas compras, muy pocas, por la falta de dinero y porque cada vez que entro en una tienda me enrollo como las persianas. Como se nota el inglés, como fluye poco a poco, como estar al límite te hace que aprendas a la velocidad de la luz. Todo el día practicando, sin nadie a tu alrededor que sepa una palabra de castellano te empuja al precipicio de las palabras y es asombroso la manera en que la mente responde, desinhibiendose de todos los prejuicios y afrontando todas las dificultades. Los controles de policía en los aeropuertos, el día a día en la calle, y ahora las conversaciones con los paisanos del lugar, hablando de los hijos, el negocio y la vida.

La gente me saluda al pasar por las principales calles. He sido su atracción durante muchos días camara en mano metiéndome en sus negocios, buscando las caras e incluso traspasando el umbral de sus casas para buscar la imagen que me dejara satisfecho. Así se conoce a la gente. Unos te abren las puertas y otros te las cierran, hasta algunos han sacado su cámara del móvil y han sido ellos quienes han disparado contra mi.... Tiene su gracia, sobre todo cuando la enseñen en casa... .Seguro que hay palacios que he dejado de visitar como se debía, pero las gentes, esas con las que he vivido estos últimos días, me han dado casi todo lo que necesitaba de este lugar. Seguro que el tiempo me contara muchas más cosas de este viaje singular de las que creo que he vivido, seguro que el tiempo tambien reposara los recuerdos y los hará en algunos casos tenues y en otros brillantes como la luz del sol.

Aquí me dejo parte de del pasado, de otra vida, y purifico la venidera en las aguas del Ganges , del Bagmati con Shiva o con cualquier manifestacion divina o no, que quiera guiarme, y cumplo otra etapa más con dosis de riesgo e ilusión adolescente, un lugar de mi existencia al que seguro acabare volviendo, una vez más.

Buenas noches, por última vez, Baktapur.

Buenas tardes Madrid.

 

martes, 6 de noviembre de 2012

El final del lunes: últimos días en Nepal.

Parece que el lunes no es una leyenda, que en el mundo entero los lunes son una pesada carga que muchos no pueden levantar. Se entremezclan los problemas, vienen a la memoria los malos presentimientos, se abalanzan las dudas sobre nuestras ilusiones, se pierde la alegría que tan fuerte exploto el viernes y la montaña se hace más empinada y difícil que cualquier otro día.

Hoy es lunes en el mundo entero. En Baktapur también.

Que no me gustan los lunes, y que uno siempre recuerda la acertada canción "I don't like Mondays” cuando se despierta después de un gran fin de semana no es nada nuevo. Aunque sí lo es, si estas a miles de kilómetros de ser un lunes cualquiera. Pero por arte de magia hoy me he levantado y desde hace tres semanas he sabido en el día que estaba: lunes.


Ayer por la tarde cuando volví de Namo Buddha, mi habitación estaba inundada de agua. El chop chop de las zapatillas delataba el escape de agua. No había más habitaciones libres así que me trasladaron a un hotel a 300 metros del mío. La verdad es que el sitio era similar y la habitación si no fuera por que tenía 50 metros cuadrados en las que cabían salón y dos enormes camas de matrimonio sería casi idéntica. También se abría ante ella una terraza que daba a la plaza principal, aunque los domingos noche no hay más iluminación en ella que las motos los coches y las luces de los edificios que la rodean.

La verdad es que estaba muy cansado pero entre unas cosas y otras siempre me dan las 11 de la noche para ir a dormir ( me levanto sobre las cinco y media...) . Desde las 6 de la tarde que es de noche profunda, hasta las once hay un buen numero de horas sin luz , y a las 11 ya parece que madrugada profunda. Además a partir de las diez de la noche tan sólo los ruidos de los perros aullando o peleandose, rompen la monotonía del silencio.

A dormir...

Hoy comienzan las despedidas, y he decidido que todo termine donde empezó en Nepal: Pasuphatinhat. -Iría a buscar a los Sadhu's, les enseñaría las fotos y me despediría de ellos.

Al llegar a este lugar a orillas del río Bagmati, afluente del Ganges, lo primero que logras ver es el templo sagrado erigido en honor a Shiva y del que existen crónicas ya en el siglo XI . El templo actual que podemos ver en nuestros dias y que esta protegido por la UNESCO, fue reconstruido en siglo XVII ya que el anterior fue devorado por las termitas.

Al igual que en Varanasi, Pasuphatinhat es un lugar considerado santo por los seguidores del hinduismo y posee Gath. ( escalones que bajan al rio) donde se producen la incineraciones. Previamente existe todo un ritual de extensa duración ( una hora más o menos) donde el finado es purificado en las aguas del río, y el familiar más joven le da de beber el último sorbo de agua para que así tambien alcance al interior del cuerpo la pureza.

La verdad es que este ritual, al que he asistido compleo en el día de hoy, estremece. Antes de aposentar el cuerpo en la pira funeraria para su cremación, el cuerpo es transportado por los familiares y rodeando la pira tres veces es depositado para ser incinerado. Cuenta la tradición que una incineración es para los hindúes una alegría pues - el cuerpo se libera del sufrimiento de la vida- aunque yo he asistido al mismo dolor que en cualquier funeral, por parte de los familiares.

La verdad es que te quedas algo tocado, sobre todo la mente que tarda en asimilar que cosas, pero pese a todo yo seguí mi peregrinación en busca de " mis hombres santos". Y por allí los encontré, sentados en un pequeño bosque en medio de los templos, leyendo versos en sánscrito, creo que de los libros del Ramaiana. Enseguida me han reconocido, y me han hecho sentar junto a ellos. He sacado mi iPad y sus ojos han comenzado a brillar. Foto tras foto excalmaban un "good" y un "nice".... segudio de otros sonidos onomatopeyicos de sorpresa. Ellos no se sí estaban emocionados pero yo... ¡Pues sí!.

Me han explicado que en marzo el día 11 en concreto ( cuantas cosas ocurre el día 11 de marzo y casi todas buenas....) se da la más grande concentración de Sadhu's en India y Nepal. Es un festival que dura un mes y si puedo que me pase... Así cómo quien queda en la puerta del cine. - Estaremos por ahí.. - me diecn... .

Me han deseado mucha suerte y me han bendecido cada uno no se cuántas veces. Como sean santos de verdad... .





La vuelta pensando en mis cosas, con un taxista que se reía por todo: -esta es la avenida de China.. - Y se meaba de risa. - esta la de Japon - igual, y -este el aeropuerto- y se reia mas. Eso si me ha mosqueado un poco. Yo por supuesto le he segudio la corriente. Mejor así que adelantando sin sentido, sin tener prisa para nada.

Entrar en Durbar square casi por última vez y asistir a esa maravillosa vista de los templos suspendidos en medio de este paisaje costumbrista caminar por sus callejuelas y mezclarte con los campesinos trabajando entre estas joyas arquitectónicas, como sí la vida se hubiera detenido hace no se cuantos siglos en este lugar.




En fin esto ya se acaba. Mañana la última noche en Nepal.

Buenas noches Baktapur.

Buenas tardes Madrid.

 

domingo, 4 de noviembre de 2012

Namo Buddha.

La carretera se empina, los baches se hacen constantes, un autobús de línea regular con el aforo sobrepasado se cruza en nuestro camino... No cabemos y lo malo es que estamos del lado del precipicio. El conductor sonríe, aunque a mi me parece más bien una risa nerviosa que tranquilizadora. Si nos falla la piedra que sujeta la rueda...

La mañana empezó a las 7 y media. Las campanas y los rezos se sucedían como cada mañana, aunque esta vez con más eco y entusiasmo... No se sí tendrá que ver con que es domingo, pero el bullicio crece conforme el sol ilumina de ocres las fachadas de las casas. El color de los adobes de las paredes y los adoquines de las calles son un espectáculo en sí mismo, sus continuos cambios de colór, sus sonidos entrecortados por el tráfico de las motos y los coches... Me da por hacer una similitu con nuestras ciudades: buscar a la chica del chandal que va a buscar la prensa el domingo, al abuelo paseando camino del parque, a los feligreses que acuden a la misa del día ( este esta chupao...) y los demás personajes de mi cultura que intento trasladar hasta aquí, este balcón en el quinto piso, desde donde me siento el rey de la ciudad.

Había quedado con Surest ( persona recomendada por Harry, mi instructor en fotografía, para ser mi guía en baktapur ) en acompañarme a Namo Boudha, un monasterio situado, según los lugareños, a 3000 metros de altitud. El camino no era fácil, sobre todo los últimos cinco kilómetros que se tardaban en recorrer casi tanto como el resto: una hora para llegar al desvío y otra para los últimos cinco.

Cuando vi aparecer el coche no me podía creer que los tres ( el conductor, Surest y yo ) íbamos a ser capaces de escalar con el, los dos mil metros que nos alejaban de la cima. El paisaje era precioso: Annapurna al fondo y la cordillera del Himalaya hasta que la vista ya no daba más, hasta que las montañas se perdían por la línea del infinito. Los últimos kilómetros hasta el momento del cruce con el autobús fueron más o menos normales: un camino intransitable que este bonito coche marca Tata, se atrevía a subir.
En España con un súper cuatro por cuatro no lo subimos

-Shiva es la diosa que nos protege- dice alegremente el chofer. Debió verme la cara de descomposición que gastaba yo a esas horas y me pregunto si había desayunado: muchas gracias de corazón pero ¡mira palante!.. Pueden con mis nervios, lo reconozco, a veces pueden , pero siempre una sonrisa, siempre satisfechos. Hasta qué al final culminamos la montaña y al mirar hacia atrás un bosque de colores verdes y ocres con las montañas nevadas al fondo dan por bueno el camino.

Ya os dije como era el coche pero.... No os conté la cantidad de artilugios y cachivaches electrónicos que llevaba: una mini tele agarrada al espejo retrovisor del interior ( total para lo que les sirve el espejo bien empleado esta), entrada USB en el radio cd, entrada para IPod/ IPhone en el auxiliar del mechero, por donde emitía vídeos en la minitele, en fin. Me resulto extraño al montar en el coche un mantra que se repetía sin parar. Cuando miré el salpicadero me di cuenta que era un video con la diosa Shiva en la tv. Y luego Shakira.... Lady Gaga y hasta el mismísimo Justin Bieber... Eso si, ni me atrevía a decirle que cambiara nada ( y ganas no me faltaron ni a la ida ni a la vuelta) que en seguida se daba la vuelta y yo que veía que las motos, los coches, el volante que se le iba.. . En fin mejor que canten y punto.

Namo Buddha esta en una preciosa colina reinando sobre los valles que posee a su alrededor: bosque verde y frondoso que apenas deja pasar los rayos del sol, y arrozales, multitud de arrozales que mantiene a duras penas la economía de la zona.


Aquí es donde Buda ofreció su cuerpo a una tigresa cuando era joven, en uno de los capítulos más famosos de la vida de este magnífico y múltiple personaje. Hay más de 28 budas, y sinceramente me lío un poco.

Los hindúes y los budistas comparten aquí lugar de culto y dioses, lo hacen desde tiempos inmemoriales sin que esto haya ocasionado apenas conflicto alguno. Se ve, por la entrada, que estamos en un lugar antiguo y modesto, rodeado eso si, por un paisaje único. La estupa central es pequeña, circundada por pequeños santuarios donde a estas horas todavía quedan algunos feligreses.

Como no podía ser de otra manera, para llegar hasta el monasterio hay que subir. Esta vez son escaleras y una empinada cuesta que esta muy limpia pero es del todo abrupta: igual te encuentras una piedra que no se la salta... que raíces de árboles que cruzan por mitad del camino, que escalones de 60 cm para los gigantes del lugar que por cierto, muchos no hay... . Por fin llegamos al monasterio, puerta de madera y divisiones en varios pisos. Estancias, comedor, baños y aseos, todo muy austero, al estilo budista.

No veo monjes por las calles del monasterio, pero se oye por megafonia la ceremonia que en esos momentos se esta celebrando en el templo. Me acerco a ver el tablón de anuncios y es el propio Khenchen Thrangu Rinpoche ( Lama reencarnado) toda una institución Tibetana quien oficia, el creador de este monasterio, sus escuelas y universidad. Enseguida descalzarse y subir las escaleras a toda prisa.

El templo estaba abarrotado, como en el chiste, y no cabía un alma. Khenchen Thrangu Rinpoche estaba recitando mantras y de vez en cuando las trompetas y panderos golpeados por una baqueta acompañaban el acto. El templo era antiguo y por ello mantenía el sabor de la tradición. De colores rojos y amarillos intensos, con múltiples banderas de oración y velas dispuesta en cada rincón, el Lama ya anciano, recitaba sin parar y la audiencia escuchaba en estricto silencio. Sobrecogedor.

A la salida de la ceremonia, los monjes bajan por una escalera y las monjas por la contraria. Nos comentan que hoy, día especial, han venido desde EE.UU unas ricas benefactoras del lugar. Las tratan como si ellas fueran las estrellas y el Lama, humilde en sí, como si fuera su servidor. Ese hombre santo al que no me queda más remedio que comparar con el Papa de Roma. ¡ que mundo tan desigual!.

Con esto me doy más que por complacido en este día que se antojaba de tránsito. La cabeza término ayer algo desconcertada y no me quedaban muchas ganas de hacer nada hoy. Enseguida me di cuenta de que eran añoranzas y tristezas propias de mi condición, más que cosas a las que deba dar demasiadas vueltas, aunque esto último no pueda evitarlo, soy así.... El camino de vuelta ha sido largo, las conclusiones extensas... En fin que le voy a hacer.

Pero bueno, esa es otra historia y no voy a contarla aquí.

Buenas noches Namo Buddha.

Buenas tardes Madrid.

 

sábado, 3 de noviembre de 2012

Con un ojo en Madrid y otro en Nepal.

Todavía escucho las músicas que reparte el aire por todas las calles de Pokhara mientras releo las páginas del libro de Javier Cercas sobre nuestros años jóvenes: las pastillas, los porros, el barrio que tanto eche de menos muchas veces.

El doce uno a Malta con los amigos en una minitele que apenas se veía, en la bodega de Emiliano, y tantas charlas en el muro de " los cortitos" comiendo pipas y jugando a ser mayores. Salíamos, nos divertíamos en un ambiente hostil rodeados de drogas y alcohol en exceso, y asi pasaron los años, esquivando como pudimos, las zancadillas del dia a dia. En fin la vida real, una más.

Se me ocurre esto, al margen de la lectura del libro, porque llevo algunas horas sobrecogido con la noticia de la muerte de las chicas en la macro fiesta de Madrid donde Ricardo, mi hijo mayor, estuvo hasta las seis de la mañana sin enterarse de lo que estaba ocurriendo a su alrededor. Es la vida, lo se, pero da miedo, mucho miedo... .

Ahora estoy caminado junto al lago, observando la infinidad de tiendas que lo bordean. Muchas de estas cosas( camisas, camisetas, bolsos, pantalones hippies....) fueron mi sueño, las vendíamos en nuestra tienda hace ya... demasiado tiempo. Los dias eran dificiles, habia mucha ilusion y poco dinero, mucho amor y no pocas dificultades. Uno nunca sabe lo que le espera en la vida: cuando crees que ya lo tienes todo, resulta que todo te falta.

Hay pocas cosas que comprar por aqui aunque .....Siempre hay algo. Ya veremos.

Doy una pequeña vuelta antes de coger mi vuelo, me asombran los sonidos de las máquinas de coser o los formones tallando madera. Todavía hay cosas hechas con las manos, todavia se mantienen las tradiciones y aquí se pueden ver muestras por cada rincón, aunque me temo que el " progreso" todo lo devorara.

Los artesanos, lo siguen siendo. La madera, la piedra, las telas, la joyería, el cuero y un sin fin de oficios prácticamente olvidados en nuestra vieja Europa, se dan cita en unos pocos metros cuadrados.

Los e-mails de los amigos son constantes, se agradecen tanto las palabras a tantos kilómetros de distancia..... Los comentarios, la preocupación por los estados de ánimo.... Cuanto valen las palabras y que poco valor les damos tantas veces.

No quiero que se penalice la melancolía. Hace tanto tiempo que me acompaña a donde quiera que vaya, que aún cuando me veáis reír, o me sintáis feliz, ella esta conmigo, no lo puedo evitar, es algo con lo que vivo.

La calle serpentea en busca del agua del gran lago. A su lado todo cambia de color, la luz impone su criterio, desvela misterios que nadie conoce, filtra las imágenes y a veces las refleja con su vaiven particular, con su habitual delirio, al compás de las olas que dejan los remos de las barcas al pasar. Los gigantes de la montaña se difuminan entre los fondos de colores al atardecer. Nada sobrevive a la especial puesta de sol en este lugar, todo va muriendo poco a poco, el agua se torna opaca, y el fondo es un sinfín donde se alojan los vientos y los quejidos sin motivo, un abismo del que nadie sabe salir.

Miro el reloj, mi vuelo me espera, estoy volviendo otra vez y quizás ya son demasiadas.

En Madrid uno de mis hijos se levanta de la cama como si nada pasara. Al pequeño se le han caído tres dientes y se acurruca al lado de su hermano, el mediano, que lleva horas levantado observando, jugando, bebiéndose la vida a grandes tragos.

Me dice que tengo mucha suerte por wassap, y tiene razón, si volviera a nacer querría volver a vivir esta vida, la que estoy viviendo, pese a todo, la mía.

En Baktapur apenas hay luz, casi todo es penumbra. Algunos portales disipan las sombras que sobresalen de las casas. La gente se sienta a la mesa y probablemente pone lo que tiene: ilusión, entrega, alegría... . Todos se sientan a la mesa mientras los hijos gritan y el y ella se miran como una rutina. Ninguno quiere más y aún así, los dos, lo quieren todo.

Buenas noches katmandu. Buenas tardes Madrid.

 

 

jueves, 1 de noviembre de 2012

Camino de Pukhara.

Las primeras luces de la mañana, la luz tenue que inunda los rojos ladrillos de los edificios, la niebla que reposa en vilo entre la cima y el suelo, cubriendo de magia el amanecer.

Campanas que resuenan una y otra vez cada vez que los viandantes entonan la primera oración de la mañana, los coches que empiezan a martillear por las adoquinadas calles por donde hace tan solo unos minutos imperaba la paz y las luces de las escasas farolas que comienzan a apagarse de forma anárquica, cada una a su hora señalada... o no.

Escucho las puertas que al abrirse aumentan los sonidos de la calle y dejan que ese estruendo de olores y ruidos entren en los edificios llenándolo todo de vida.

El sol se acomoda entre la neblina, como si perezoso no alcanzará a cumplir con su trabajo y se diera por vencido esperando a subir hasta donde esas nubecillas no puedan alcanzarle ya, así, reinando un día más sin apenas esfuerzo, fiel a su corona.

Baktapur amanece y el disparador de mi camara no tiembla pese al clima frío de la mañana y pendiente de cada detalle, intenta congelar la vida que ahora recorre mi memoria.

Son las 6 de la mañana del día 18 de mi viaje y estoy sentado en las escaleras de una piedra que tendrá más de 300 años, a las puertas de mi hotel. Los empleados, empiezan a llegar con caras de sueño y todos reverencian un " Namaste " cada vez que pasan por mi lado.

El taxi que me llevara al aeropuerto doméstico llega puntual. Es un coche donde tengo dificultades para entrar. Aquí son pequeños para todo. En el aeropuerto, un señor con chapa de currante del estado me toma de la mano me pasa todos los controles y me cuela para sacarme la tarjeta de embarques. En total menos de cinco minutos, contando paso de control policial. Por supuesto lo hizo a cambio de una propina: 50 rupias. Medio euro.

El avión es un focker con menos de cuarenta pasajeros entre los que nos encontramos un nepali 38 japoneses de más de 75 años cada uno y yo. Se han pasado el vuelo riéndose y gritando uhhhhh!!! Cada vez que asomaba entre las nubes una montaña. La verdad es que el paisaje era espectacular.


Por casualidad ( modo aleatorio..) en mi iPod suena Coldplay y con el empezamos a volar más alto que el Annapurna.

El aeropuerto parece de juguete, de esos de los clips de " famobil". Los aviones pequeños, los autobuses pequeños y ellos, chiquitines.. Yo creo que hacen selección de personal para que nadie tenga más tamaño del permitido.

Es sobrecogedor como rodean los picos nevados esta pequeña ciudad, es impresionante cada vez que miras hacia el cielo y te encuentras con la cima nevada tocando el cielo y superando con creces a las nubes que juegan con la luz como sí se tratara de los efectos especiales de una película.

Subo hasta la Pagoda de la paz para ver un paisaje completo sin edificios ni cables y me sobrecoge la vista limpia de todos los picos alineados dominando un skyline único. Pero creo que esta vez la fotografía permanecerá en mi mente porque necesito un tutoríal sobre blancos y paisajes... ¡¡¡¡Que desastre de fotos!!!!

Bueno al menos una muestra como recuerdo en el blog, de los picos y de los valles que los rodean. Me falta decir que para subir a la Pagoda, han sido alrededor de 700 escalones bastante irregulares, pero después de Palitana, no se puede resistir nada, aunque aquí la altitud era ligeramente distinta ( más de dos mil metros.) .
Ahora las calles se llenan de gente, de música, de cenas( ya son las seis...) y ambiente festivo. Esto no parece Nepal pero se agradece un poco de cambio, noches de rock and roll, de motos aparcadas en las aceras y gente tomando cerveza en los chiringuitos de la calle.
A la final del paseo , el lago que rodéa la ciudad, la tranquilidad a tan sólo unos metros.
Ahora si que os dejo con la foto, con vuestros sueños y vuestras palabras. Yo me voy a descansar que mañana quiero ver salir el sol por detrás del Annapurna.
Buenas noches Pukhara. Buenas tardes Madrid.